A veces por las noches, conciliar el sueño resulta casi imposible, pues todo lo que he vivido, todo por lo que he pasado, avanza a través de mis ojos con fugaces destellos de lo que fue.
Esa angustia, hace que mi corazón se encoja, y no puede empezar a soñar, por eso cada día me apago un poco más, porque llevo tiempo sin poder soñar. Cada unos de los pétalos que en mi acera se han pasado, han acabado yéndose por el viento, y a esos escasos momentos en los que me he sentid del todo pleno, siempre ha habido algo que los ha empañado, que les quita la perfección, esa sombra alargada que se llama dolor.
Es mi compañera, pero por adjudicación, yo no quiero su presencia, pero no tengo más opción que creerme sus mentiras y andar el camino que me señale, pues hay personas con suerte y personas afortunadas.
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